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Del dato a la emoción: por qué la personalización se volvió el gran diferencial de las marcas

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Aunque las empresas disponen de más información que nunca sobre sus clientes, el verdadero desafío ya no es recopilar datos, sino transformarlos en experiencias relevantes. La combinación de inteligencia artificial, análisis de comportamiento y comprensión emocional redefine las estrategias de fidelización y crecimiento.

Del dato a la emoción: por qué la personalización se volvió el gran diferencial de las marcas

Las empresas nunca tuvieron tanta información sobre sus clientes. Cada búsqueda, cada clic, cada producto visto, cada consulta y cada compra dejan rastros capaces de reconstruir hábitos, preferencias e intereses con una precisión impensada hace apenas algunos años. Sin embargo, la abundancia de datos no necesariamente se traduce en mejores resultados. De hecho, muchas marcas enfrentan hoy una paradoja: conocen más que nunca a sus consumidores, pero les cuesta cada vez más captar su atención.

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La explicación no pasa por la falta de tecnología. Herramientas para recopilar, procesar y analizar información existen en cantidades crecientes. El problema aparece cuando esos datos se convierten en una acumulación de registros sin contexto ni interpretación. A partir de ahí, el desafío pasa menos por la tecnología y más por la capacidad de entender qué necesita cada cliente y responder de manera relevante.

Para Coni Ochoa, Head of CX Latam de Growlat, un Data Marketing Hub que integra información, canales y comportamiento de los usuarios en una única plataforma, la respuesta exige mirar más allá de las métricas tradicionales. "Detrás de cada interacción hay una persona, una intención y una emoción", sostiene. Desde su perspectiva, la personalización más efectiva no consiste únicamente en mostrar un producto determinado o enviar una promoción segmentada, sino en comprender qué está intentando resolver el cliente en cada momento.

La relevancia de esa discusión también aparece respaldada por distintos estudios internacionales. McKinsey relevó que el 71% de los consumidores espera que las empresas ofrezcan experiencias personalizadas y que el 76% manifiesta frustración cuando eso no ocurre. El mismo trabajo concluyó que las compañías con mayores tasas de crecimiento obtienen un 40% más de sus ingresos a partir de iniciativas de personalización que aquellas con desempeños más modestos.

La explicación de ese fenómeno no se limita únicamente al marketing. Diversos estudios sobre comportamiento del consumidor muestran que buena parte de las decisiones de compra están influenciadas por factores emocionales. Algunas investigaciones estiman incluso que cerca del 95% de las decisiones cotidianas se toman de manera predominantemente emocional y luego son racionalizadas.

Sobre esa base, Ochoa señala que "sin emoción no hay atención y sin atención no hay memoria", una premisa que ayuda a entender por qué muchas campañas técnicamente correctas terminan pasando inadvertidas mientras otras logran generar vínculos más profundos con las audiencias.

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Para Ochoa, justamente allí aparece uno de los principales desafíos de las marcas. "La personalización potencia exponencialmente la conexión entre persuasión y emoción dentro de un proceso de compra", señala. Desde su perspectiva, las personas no responden únicamente a promociones o descuentos, sino a experiencias que logran interpretar contexto, intención y necesidades específicas.

La personalización aparece entonces como una herramienta para interpretar señales y responder de manera más pertinente. Un consumidor que visita varias veces un mismo producto, otro que abandona reiteradamente un carrito de compra o alguien que consulta sobre determinadas categorías está dejando indicios sobre sus intereses y necesidades. La diferencia está en cómo las empresas utilizan esa información. Así, dependiendo del historial, el valor potencial de la compra o el nivel de interés detectado, las marcas pueden activar recordatorios personalizados, comunicaciones por distintos canales o incentivos específicos.

El objetivo no consiste únicamente en recuperar una venta. También busca reconstruir el vínculo emocional asociado a la decisión de compra. "El remarketing personalizado no sólo recuerda un producto; también reactiva la emoción que generó ese interés inicial", explica Ochoa. Esa capacidad de intervenir sobre momentos específicos del recorrido del cliente es una de las razones por las que la personalización ganó protagonismo en las estrategias comerciales de los últimos años.

También existen señales menos evidentes. Un consumidor que consulta reiteradamente las condiciones de devolución o revisa varias veces las características técnicas de un producto suele estar expresando una duda o una necesidad de confianza. Identificar esos comportamientos permite ofrecer información adicional, acompañamiento o respuestas específicas antes de que la compra se frustre.

Del mismo modo, una persona que acaba de concretar una compra difícilmente quiera recibir una nueva promoción minutos después. En ese momento suele resultar más valioso un mensaje de agradecimiento, información sobre el envío o recomendaciones de uso.

Lo mismo ocurre con acciones aparentemente simples. Un saludo de cumpleaños enviado en el momento oportuno, una recomendación ajustada al historial de compra o una respuesta rápida frente a una consulta pueden transformarse en instancias de fidelización. La diferencia radica en que esos contactos dejan de percibirse como mensajes automáticos y pasan a funcionar como señales de atención personalizada.

"Comprender en qué etapa de la relación se encuentra cada cliente permite construir experiencias más relevantes y evitar comunicaciones que generen rechazo", apunta Ochoa.

Esa mirada también atraviesa el trabajo que Growlat desarrolla con marcas de distintos mercados de la región. La compañía trabaja sobre la premisa de que la personalización efectiva no depende únicamente de acumular información, sino de convertir datos dispersos en conocimiento accionable sobre los comportamientos, intereses y necesidades de cada usuario.

La propuesta combina capacidades de Customer Data Platform (CDP), automatización de marketing, personalización web, marketing conversacional y optimización de audiencias para campañas publicitarias. La lógica consiste en reunir señales dispersas —navegación, compras, interacciones y preferencias— para comprender mejor los recorridos de cada usuario y responder con mayor relevancia en cada punto de contacto.

Actualmente la compañía tiene presencia en Argentina, México, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Brasil y España, y sostiene que uno de los principales desafíos de las marcas ya no es obtener datos, sino organizarlos, interpretarlos y utilizarlos para construir experiencias más útiles y pertinentes para clientes cada vez más exigentes.

Según datos citados por Accenture, las estrategias de personalización aplicadas al comercio electrónico pueden incrementar las tasas de conversión hasta en un 40% cuando logran adaptar contenidos y propuestas al comportamiento específico de los usuarios. El dato ayuda a explicar por qué las inversiones en automatización, análisis de comportamiento y gestión inteligente de datos crecieron de forma sostenida durante los últimos años.

Sin embargo, la personalización efectiva requiere algo más que capacidad tecnológica. También demanda criterio. "Cada dato cuenta una historia sobre lo que el cliente siente, espera y desea", afirma Ochoa. La frase resume una idea central para las marcas que buscan diferenciarse: los datos adquieren valor cuando permiten comprender mejor a las personas, no cuando se limitan a describir comportamientos pasados.

Esa lógica también está modificando la manera en que las empresas diseñan sus estrategias de comunicación. Durante años predominó un modelo basado en campañas masivas y audiencias amplias. Hoy gana terreno un enfoque más preciso, donde la información sobre comportamiento permite ajustar mensajes, tiempos y canales según cada situación particular.

El cambio responde también a la evolución de los propios consumidores. Las personas interactúan con marcas a través de múltiples puntos de contacto y esperan experiencias coherentes entre ellos. Según el relevamiento de PwC el 73% por ciento de los clientes ahora dice que la experiencia de cliente es lo primero que consideran al decidir si comprar a una empresa.

Para las compañías, el desafío consiste en combinar tecnología, análisis y sensibilidad para interpretar contextos. La personalización ya no se limita a incorporar el nombre de una persona en un correo electrónico o recomendar productos similares a compras anteriores. Implica comprender momentos, expectativas y necesidades para construir relaciones más relevantes y sostenibles.

En ese proceso, la inteligencia artificial comienza a ocupar un papel importante, aunque no necesariamente como protagonista excluyente. Su principal aporte radica en la capacidad para procesar grandes volúmenes de información y detectar patrones difíciles de identificar manualmente. La decisión estratégica, sin embargo, continúa dependiendo de las personas. Son ellas quienes determinan qué hacer con esa información y cómo traducirla en experiencias significativas. 

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