Un nuevo estudio del Instituto Reuters revela que la confianza en las noticias se mantiene en mínimos y que el interés por la información continúa siendo bajo, mientras crecen nuevas formas de consumo impulsadas por el streaming, los creadores digitales y las plataformas basadas en IA.
Por Eugenia Mitchelstein y Pablo Boczkowski, Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina (MESO).-
El sistema mediático argentino se halla en una etapa de transición. Los medios tradicionales luchan por retener audiencias e ingresos publicitarios, mientras la confianza disminuye y el interés por las noticias sigue siendo escaso. Formatos emergentes como el video en directo están ganando protagonismo como vía de acceso a la información, especialmente entre los usuarios jóvenes.
La televisión se mantiene como fuente semanal de noticias para alrededor de la mitad de los encuestados, y el alcance de la prensa escrita prácticamente no presenta cambios. Clarín, el periódico de mayor tirada, reportó una disminución a finales de 2025 y su circulación pasó a 34.000 ejemplares diarios, frente a 38.000 del año anterior, aunque su base de suscriptores digitales de pago se mantuvo estable en 647.000. El principal competidor, La Nación, informó 386.000.
El Foro de Periodismo Argentino (Fopea) documentó una pérdida neta de 196 medios entre 2021 y 2025. Actualmente, más del 40% del territorio nacional se considera “desierto informativo”, sin prensa local y con condiciones extremadamente difíciles para el ejercicio periodístico.1 En un contexto de permanente antagonismo del presidente Javier Milei hacia los reporteros, Fopea también sostuvo que 2025 fue el año más crítico para la libertad de prensa desde 2008, cuando comenzó el registro de casos: hubo 278 agresiones, lo que supone un aumento del 55% con respecto al período previo. La lista incluye ataques físicos, acoso judicial e intimidación online. Este escenario se expresa en el último Índice Mundial de Libertad de Prensa, elaborado por Reporteros sin Fronteras, donde Argentina descendió 11 puestos.
Tras la recesión de 2024, el gasto publicitario total creció 30% pero se redujeron tanto la cantidad de anuncios como el tiempo de publicidad (8% y 6%, respectivamente), lo que indica un incremento en los precios. El ámbito digital, incluidas las redes sociales y los motores de búsqueda, concentró el 47% de la inversión global: se trata de un crecimiento de 3 puntos porcentuales en comparación con 2024. La televisión, la radio y la prensa escrita profundizaron sus caídas.2
Los salarios de los reporteros se mantienen bajos: siete de cada diez ganan por debajo de la línea de pobreza para una familia de cuatro miembros. En febrero de 2026, el Congreso derogó el Estatuto del Periodista, que ofrecía protecciones especiales, por ejemplo, ante despidos. Estaba en vigor desde 1947.
Ciertos cambios en la estructura del mercado ponen de relieve la pérdida de relevancia de los medios tradicionales. En agosto de 2025, Paramount Global vendió Telefe, la cadena de TV con mayor audiencia del país, a un grupo empresarial argentino. Ninguna gran compañía transnacional cuenta hoy con participación significativa en el sector mediático del país. Milei se había comprometido a privatizar la radio y TV públicas, históricamente criticadas por favorecer al partido que ejerce el poder. Sin embargo, el plan no ha avanzado; en cambio, el Gobierno anunció que varios partidos del próximo Mundial de fútbol masculino se transmitirán en la cadena estatal, lo que puede impulsar la inversión publicitaria y la audiencia.
En un panorama mediático que permanece muy polarizado, el interés por las noticias continúa bajo: sólo el 43% de los encuestados afirma estar muy o extremadamente interesado, mientras que la confianza alcanza mínimos históricos con apenas el 26%. Pese a ello, el consumo semanal de noticias se ha mantenido estable en el entorno online, las redes sociales, la televisión y la prensa escrita. Además, casi uno de cada diez ahora obtiene noticias mediante chatbots de IA: es un aumento de 4 puntos porcentuales con respecto a 2025. La proporción de gente que paga por las noticias sigue siendo escasa: sólo 10%, lo que refleja la combinación de un interés relativamente bajo y una confianza muy baja en los medios, así como las generalizadas restricciones presupuestarias en los hogares.
En este contexto, ha florecido un dinámico sector de creadores, influencers y personalidades que ofrecen contenido gratuito. Muchos periodistas profesionales han lanzado boletines: los distribuyen sin costo y solicitan contribuciones voluntarias. Mientras disminuye el interés por la prensa tradicional, también ha cobrado prominencia el video online en directo: el formato, que surgió durante la pandemia, consiste principalmente en programas emitidos por YouTube que combinan comentarios, entrevistas y noticias ocasionales con elementos más livianos, como música o actuaciones en directo. Se ha convertido en una fuente de información cada vez más importante, sobre todo para las audiencias jóvenes: el 13% de nuestros encuestados menciona a Luzu TV, lo que marca un incremento con respecto al 8% del año anterior. Y la cifra sube a 19% entre los menores de 35 años.
Tanto Luzu como su principal competidor, Olga, cuentan con más de dos millones de suscriptores en YouTube. La mayoría de los conductores no son periodistas profesionales y no se definen como tales. Si bien invitan a columnistas para ofrecer una cobertura informativa más seria, su papel se asemeja al de los presentadores de programas de entrevistas. Estas propuestas fomentan la participación del público mediante mensajes en el chat de YouTube, invitando a hacer aportes y manteniendo un ambiente distendido.