En su columna, Majo Donohoe, fundadora y CEO de Somos Chili reflexiona sobre el rumbo que observa se está dando en el marketing digital en el año que inicia y destaca cinco tendencias que marcarán el camino hacia la humanización de las marcas.
Por Majo Donohoe, fundadora y CEO de Somos Chili e integrante de la Comisión Directiva de Interact
Después de años de scroll infinito, automatización acelerada y fórmulas repetidas, el marketing digital entra en una nueva etapa. En 2026, las marcas que lograrán atención no son las que hagan más ruido, sino las que conecten mejor. Las que entiendan que la tecnología no reemplaza lo humano, que la comunidad vale más que el alcance y que el contenido tiene que informar y entretener.
En ese cruce aparece con fuerza el infotainment: contenido que combina información y entretenimiento, muy presente hoy en el streaming y cada vez más relevante para las marcas. No como formato aislado, sino como lógica cultural.
Las cinco tendencias que ya están marcando el rumbo para este año son:
1. Live shopping: vender en vivo vuelve a ser humano (no perfecto, no guionado, no acartonado): deja de ser una táctica de conversión para convertirse en formato de contenido. Funciona cuando se corre del tono publicitario y se acerca a una experiencia real. Funciona como un nuevo third space digital: un lugar híbrido donde la gente se queda, participa y compra sin sentir que la están empujando a hacerlo. Si parece un infomercial, tampoco funciona, en cambio si es una charla interesante donde además se puede comprar algo, sí.
Por otro lado, no cambia la tecnología sino la forma: con personas reales, no voceros, con conversaciones, no discursos y con espontaneidad, error y tiempo real.
2. Construir comunidad: menos alcance, más vínculo: la métrica aspiracional ya no es el alcance sino la permanencia. Construir comunidad no es abrir un canal más, sino generar sentido de pertenencia. En un contexto de fatiga digital, las marcas que funcionan son las que actúan como anfitrionas, no como altoparlantes, así como también empiezan a entender que crecer no es sumar seguidores, sino sostener relaciones. Por eso el foco se mueve hacia: microcomunidades, participación real y espacios donde pasan cosas y a los que vale la pena volver.
3. Back to human: vuelve el craft, lo imperfecto y lo hecho con intención: después de años de estética pulida, filtros y outputs genéricos, lo humano vuelve a ser diferencial. No como nostalgia, sino como valor. Procesos visibles, decisiones conscientes, manos reales. Mostrar cómo se hace algo, quién lo hace y por qué vuelve a generar confianza. No compite con la tecnología, la equilibra. En un mundo automatizado, lo irremplazable se vuelve deseable. No alcanza con mostrar el resultado. Mostrar el proceso también construye marca.
4. IA como potenciador creativo (no como solución mágica): deja de ser novedad para convertirse en infraestructura. Está en todos lados y, por eso, ya no es suficiente con usarla. No reemplaza criterio, sensibilidad ni mirada estratégica. Las marcas que mejor integran la inteligencia artificial la usan para liberar tiempo creativo, no para delegar decisiones clave. La ventaja competitiva no está en la herramienta, sino en qué se hace con ella: acelerar, ordenar y escalar.
5. Brand = media: o entretenés o estorbás: la línea entre contenido y publicidad desaparece casi por completo. Todo comunica. Todo compite por atención. El infotainment se vuelve central: contenidos que informan sin solemnidad, que entretienen sin perder profundidad. En 2026 nadie "consume publicidad", las personas eligen aquello que sienten que vale su tiempo. En este contexto, las marcas que crecen piensan como medios: diseñan formatos, sostienen una narrativa y aportan valor de forma constante.
Concluyendo, menos fórmulas, más criterio. El futuro del marketing digital no depende de más plataformas, de la última automatización de moda o de tácticas aisladas. Tiene que tener coherencia, sensibilidad y mirada estratégica. En un mundo saturado de estímulos, lo más disruptivo es volver a lo simple: hacer cosas con sentido, para personas reales, usando la tecnología como aliada y no como atajo. En 2026, el marketing exigirá menos promesas mágicas y, definitivamente, mucha más humanidad.