En su columna, Carolina Marro, Directora de Marketing y profesora de la Escuela de Negocios de la Universidad de San Andrés, asegura que el marketing educativo dejó de ser un área silenciosa para convertirse en un actor central dentro del ecosistema de la comunicación.
Carolina Marro, Directora de Marketing y profesora de la Escuela de Negocios de la Universidad de San Andrés
Durante años, el marketing del sector educación fue un tema menor dentro del ecosistema de la comunicación. En los medios especializados solían hablar los líderes de marketing de grandes marcas de consumo masivo, bancos, automotrices o tecnológicas. Las universidades, en cambio, permanecían bajo el radar: su comunicación era discreta, institucional, casi silenciosa.
Pero eso cambió. Hoy el marketing de este sector vive un momento de expansión y protagonismo. Los equipos crecen, los presupuestos se amplían, y la competencia se vuelve cada vez más sofisticada. El mundo de la educación está atravesando una transformación estructural: la oferta se multiplica, los formatos se diversifican, y las decisiones de los estudiantes —o “consumidores del aprendizaje”— se parecen cada vez más a las de cualquier otro mercado.
¿Por qué sucede esto? Porque la educación dejó de ser una etapa acotada en el tiempo, para convertirse en un proceso continuo. En un mundo donde la tecnología, la automatización y la inteligencia artificial hacen que nuestros conocimientos se vuelvan obsoletos más rápido que nunca, la educación se transformó en el principal motor de reinvención profesional. Si nos pensamos a nosotros mismos como productos, estamos en una etapa de madurez que necesita relanzamientos permanentes. Y la única manera de hacerlo es aprendiendo.
Las universidades entendieron esta nueva lógica del aprendizaje contínuo o Life long learning, como se estila decir en las grandes universidades del mundo. Las carreras se acortan y se vuelven más interdisciplinarias. Los programas de posgrado ofrecen formatos híbridos, intensivos o flexibles, pensados para profesionales con agendas apretadas. Surgen microcertificaciones y cursos cortos de actualización que permiten cubrir esas brechas de conocimiento que el mercado impone. En este nuevo escenario, el marketing educativo ya no se trata de “vender carreras”, sino de construir ecosistemas de aprendizaje relevantes, accesibles y transformadores.
El desafío para las áreas de marketing en las instituciones educativas es enorme: combinar propósito con performance, construir marcas que inspiren confianza y, al mismo tiempo, optimizar cada punto de contacto para convertir leads en alumnos. Es un territorio en el que conviven las métricas del marketing digital con la sensibilidad de las marcas con propósito.
El marketing educativo ya no es una categoría menor: es una de las fronteras más dinámicas y estratégicas del marketing contemporáneo. Porque, al final del día, lo que estamos comunicando no es un producto más, sino la promesa más poderosa que puede ofrecer una marca: la posibilidad de transformarse.